Érase una vez la tierra del encanto,

vasta tierra de bandera sencilla

y nombre novedoso. Cuatro esquinas

crecen al andar por este Estado.

 

En la gruta de Carlsbad nos adentramos,

vislumbrando un museo de estalagmitas,

arrecife de antiguos fósiles de calcita

es ahora un tesoro subterráneo.

 

¡Adiós murciélagos! Saludo a los pájaros.

La luz ya no es cremosa sino altiva,

como altivas son las montañas que se avistan:

La Sierra de Guadalupe contemplamos.

Contemplamos sus cumbres de pecado,

intuimos entre sus árboles la vida

salvaje que permanece escondida

ante el paso del hombre (el oso privado

de luz, el correcaminos con sus prisas,

el gato de las montañas…) Se respira

un manantial en algún rincón cercano…

 

Érase una vez la tierra del encanto,

vasta tierra de bandera amarilla:

Nuevo México, pasos de Coronado.

 

Hoy vamos al silencioso ruido,

hoy aparece la sierra albina;

hoy, entre verdes las colinas

y la justa arrogancia de los pinos.

 

Esta noche de silencioso ruido,

esta noche, los venados nos miran;

esta noche el azar nos vigila

y la luna, casi llena, un suspiro

exhala en un Ruidoso sin ruido…

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Isabel Sánchez H.

"Cazadora de un resplandor etéreo. Vuela."