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Al cobijo del Santo se erigen cinco damitas

de piedra y alma francisca; miran al cielo

y le rezan mensajes de historia y viento.

Cinco monjitas morenas entre ruinas y silencio

cantan su herencia canaria, en el presente, marchita.

 

Como de un álamo ramas, fluyen las ondas del río:

fluyen sus brazos y se extienden susurrando:

“Soy el canal de esta villa y noticias voy cantando:

el eco de la batalla, el toque del campanario…”

y ese rumor que se aleja, vuelve a abrazar a sus hijos.

 

Paseo de agua y ramas,

paseo de ramas y agua,

paseo entre hojas doradas

sobre el río Yanaguana.

 

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Isabel Sánchez H.

"Cazadora de un resplandor etéreo. Vuela."