Fue un reencuentro agridulce:

lluvia amarga primero,

niebla de incertidumbre

después, y al final sol marinero.

 

Misión especial: dolores

y fuertes de hierbabuena,

y casitas de colores

y empinadas carreteras

y bahías y mercados,

y Bosque Muir, Sausalito,

y tranvías anticuados,

Shanghái en un rinconcito,

 

y colinas ondeando

y el Pacífico flotando,

y tras el Portal Dorado,

el rojo puente colgando.

 

Misión especial: cruzamos

esa inmensa pasarela.

Caminamos, caminamos,

¡la bahía nos espera!

 

Cual colonos rastreamos

los paseos de Portolá

por la bahía del Santo.

¡Por oro fiebre nos da!

 

Y temblaron los cimientos

de la poblada ciudad,

lo que provocó un incendio

y escombros dejó detrás.

 

Mas como el fénix, el santo

de sus cenizas brotó

y “del Amor” el verano

dejó allí su corazón.

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Isabel Sánchez H.

"Cazadora de un resplandor etéreo. Vuela."